sábado, 11 de agosto de 2012

Enamorarte


Prócoro Hernández Oropeza
Cuántas veces hemos oído hablar de la palabra enamorarse. Enamorarse significa estar en amor permanente, no sólo de la pareja, sino de todo lo que te rodea. Enamorarse del paisaje que circunda tu ciudad, de las montañas y su apacible silencio, del cielo que cada día nos muestra distintas pinturas y colores, del sol que también nos brinda su luz con intensidades varias. Enamorarse de esos atardeceres sin parangón, del eterno mar y su continuo movimiento circular, de nuestra ciudad, sus gentes y sus árboles.
Cuando te detienes a admirar ese gran colorido de las Primaveras, árboles con sus ramos de flores, te enamoras, lo mismo cuando escuchas el trinar de un ave o recorrer el río Pitillal por las tardes o en la noche o te sientas en la arena a observar cómo se desliza el día sobre las olas; todo eso pertenece al amor, significa que estás abierto a disfrutar todo lo que te rodea.
Cuando vives en el amor todo te parece hermoso, te sientes en comunión con todo, pese a que algunas cosas no funciones o no se ajusten a tus circunstancias o deseos. Esta vida es de encuentros y desencuentros y eso es lo que le da sentido a la vida. De lo contrario todo sería aburrido o plano. Sin conocer el otro polo de la dualidad no tendríamos elementos para comparar y discriminar entre lo bello y lo no bello o desarmónico. Pero el reto está en observar los dos polos sin identificarnos y alegrarnos, inclusive por aquellas circunstancias desagradables. Por algo nos llegaron o se nos presentaron, tal vez para aprender una lección, para captar una señal o para rectificar el rumbo.
Este tipo de enamoramiento está ligado con el verdadero amor, con el arte de amar. No es un amor ciego. Cuando amas a alguien puedes ver sus defectos y los aceptas, puedes ver sus fallas y quieres ayudar a superarlas. Entonces trasciendes esa palabra enamorado por el de amar. Si nos atenemos al contenido, enamoramiento, significa que en Amor Miento. Y lo es porque cuando llegamos a ese primer nivel del amor, vivimos una ilusión. Dices que amas alguien, pero en cuanto le ves el primer defecto te olvidas de ellas, te desconectas. Y eso se da porque en ese primer del amor aceptamos todo de la otra persona y llegamos a creer que es lo máximo.
Eso mismo sucede cuando dices que amas a tu ciudad, pero al primer defecto te la pasas quejando. Dices que el malecón nuevo quedó maravilloso, pero apenas le ves un defecto y caes en la crítica y el enojo. Cuando estás en amor disfrutas todo, momento a momento y si hay situaciones que te desagradan, las evitas o las dices, sin enojo, sin juicio.
Amar es poner en una balanza lo bueno y lo malo. El amor es una decisión consciente. El amor verdadero está basado en la realidad, no en un sueño de que encontraste a tu  príncipe azul o a tu princesa encantada. Encontraste a una persona maravillosa, de acuerdo, pero no es perfecta ni tú tampoco, ni tu ciudad, ni el mundo lo es. Falta mucho para vivir en el paraíso, lo cual no significa que no se haga realidad algún día. Por eso los maestros dicen: “Vive como si ya vivieras en el paraíso” ¿Cómo crees que es el paraíso? ¿Qué te han contado las religiones de ese Edén? Pues imagínalo y créalo desde ahora. Todo inicia por la mente y si vives en amor permanente, estás viviendo el paraíso ya.
.

miércoles, 25 de julio de 2012

El camino medio


Prócoro Hernández Oropeza

Durante estos últimos días he convivido con monjes del Monasterio Samten Ling y he podido constatar su calidad humana y don de gente. El más grande es el Geshe o maestro Lobsang Jinpa Lama a y sus cinco acompañantes son jóvenes que no rebasan la edad de los 30 anos. Todos son simpáticos, sonrientes y muy entregados a su trabajo devocional. Su labor aquí consiste en realizar meditaciones y ceremonias de purificación e iniciaciones.
Geshe, del tibetano dge bshes, abreviatura de dge bai bshes gnyen, se refiere un grado académico otorgado a algunos monjes dentro del budismo tibetano. Este grado es dado  especialmente por el linaje Gelug, de la cual provienen estos monjes, precisamente de Nepal, donde nació Sidharta Gautama, conocido como el Buda.

Para obtener el título de "Geshe", el alumno debe estudiar varios temas en las grandes universidades monásticas. Son cinco estudios, entre ellos "El Alto conocimiento",  "Compendio del Alto conocimiento" y  "Tesoro del Alto Conocimiento". Otro no menos importante es "La perfección de la sabiduría" y el Madhyamaka "El camino del medio", "Sabiduría Fundamental del Camino Medio". Son estudios rigurosos que los prepara desde niños.

Buda pudo comprender esta enseñanza, el camino medio y logró la iluminación. Después de meditar por más de 40 días y de larga búsqueda espiritual. Antes anduvo por diversos caminos para encontrar la budeidad o iluminación. Cuando un hombre vio a Buda irradiando mucha luz, le preguntó:
-¿Qué eres? ¿Un dios, un fantasma, un hombre?- Buda le contestó: De todos esos condicionamientos, voliciones y formaciones mentales con base en los cuales me has descrito como dios, fantasma y hombre yo estoy completamente libre. Soy un Buda.
La palabra Buda no es un nombre propio, sino una descripción que significa "el que está despierto (a la realidad)". Con este título se conoce a Siddhartha Gautama, quien nació al norte de la
India, en lo que hoy es Nepal.

Dejó su hogar para seguir el camino del Hombre Santo. Después de un largo tiempo de sacrificios y padecimientos encontró su camino. Eso fue sólo hasta que dirigió sus esfuerzos hacia el corazón de su propia experiencia. Sentado bajo un árbol, hizo el voto de no desistir: "Aunque la carne se marchite, aunque la sangre se seque, yo no me levantaré de este lugar hasta conseguir perfecta iluminación"; un estado de perfecta sabiduría y profunda compasión.

El  Buda representa la meta a la que aspiran todos los budistas sinceros. Todos los hombres de noble corazón que de verdad quieren reconectarse con su naturaleza divina. Así que el Camino Medio o Camino Esencial es un término budista de abundantes connotaciones. A pesar de que la palabra significa una parte que está equidistante de los extremos de algo, en el budismo, la expresión no implica una práctica religiosa pasiva ni mediocre, sino un esfuerzo comprometido y constante. En un sentido amplio, el Camino Medio se refiere a mantener una postura y perspectiva correctas de la vida basadas en las enseñanzas del Buda y la realización de actos que brindarán felicidad a uno y a los demás.
Con la intensión de guiar a sus seguidores por el mismo Camino Medio, Buda Shakyamuni predicó ocho principios: 1º La Visión Perfecta, 2a Emoción perfecta, 3a El habla perfecta. 4a  La acción perfecta, 5a La subsistencia perfecta, 6a El esfuerzo perfecto, 7a La atención perfecta, 8a El samadi perfecto. La primera etapa del camino tiene que ver con intuición espiritual. Es a través de esta visión o intuición o experiencia sobre cómo son las cosas que comenzamos iniciar el viaje. Sin esta intuición inicial nada ocurriría. En la medida que esta experiencia es más o menos fuerte y penetrante, ésta  permea todo nuestro ser, transformando la emoción, el habla y cada una de las cosas que nos configuran como seres y finalmente emergemos renovados y con una conciencia luminosa, compasiva y libre Entonces la visión de la existencia es perfecta, completa, sin tacha. De esta forma nuestra emoción, habla, acción, subsistencia, esfuerzo y atención perfectos, nos llevan a la iluminación, al Samadi. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Reflexiones cotidianas
La música del alma
Prócoro Hernández Oropeza
La música que fertiliza la esencia del alma es como el agua que alimenta y fortalece un bello rosal, entonces brotarán de esta alma preciosas flores que se expresarán de distintas maneras.
La música del alma es muy confidencial pues brota del mismo plano espiritual. Esa música es inspirada por el aliento de Dios o por los ritmos del universo, que es aliento de Dios y no todos pueden captarla y transmitirla. Sólo lo hacen aquellos que logran conectarse con esas sinfonías del universo o con la música de las esferas, como un Beethoven, Mozart, Chopin, entre otros. Grandes genios de la música que se ha inmortalizado precisamente porque lograron conectarse con su divinidad interna y la supieron transmitir. Aún así, en su época fueron incomprendidos o pensaban que no existían los instrumentos adecuados para transmitir lo que ellos captaban con el corazón o con su intuición.
 La música secreta del alma es la que hace vibrar nuestro corazón en sintonía con el Amor Divino. Todo lo que inspira dentro de nosotros el agradecimiento, la alegría, la compasión, la unión con los demás, el sentirnos unidos con la divinidad, cuando nos volvemos un alma, una vida con el universo, cuando no hay más intereses separatistas, egoístas, que nos mantienen en el mundo de la desarmonía.
La música del alma nos redime y nos conecta con lo divino. Es lo que viene de arriba y comienza a vibrar dentro de nosotros. Es esa música devocional, cuya inspiración, letra o mantras sagrados mantras nos llevan, nos transportan a la consciencia correcta que está en armonía con la voluntad de Dios o del universo. Nos dan aliento, nos dan fuerzas, nos permiten estar en sintonía con la voluntad del Padre/Madre, de la naturaleza, de las estrellas, de todo lo que nos rodea.
En Oriente, el sagrado ‘Om’ es el sonido creador que proviene directamente de Dios. También es el sonido de la caracola del Señor Supremo cuando da inicio a esta creación. Más allá de Om’ está la flauta de Krishna, en la que Él toca la quinta nota para despertar a las almas e invitarlas a Su gran amor trascendental. Todos los seres somos Sus hijos e hijas, y nos invita por Su grande e inmensa misericordia para ir a Vrindavan, a la tierra del amor. Es el canto de los ángeles y querubines que nos llenan de alegría, misericordia y amor.
Todos los sonidos cósmicos, todo lo que existe en este mundo, vienen del sonido original. Pero el sonido de los chismes y el de las conversaciones mundanas no nos une con la divinidad o con nuestra genética divina, Esa música del sufrimiento, la música mundana que proviene de los egos, sólo nos mantiene en la cárcel de la desarmonía y el amor. Alimentan nuestros egos y nos encadena más al sufrimiento y al dolor. Cada vez que nos entonamos con una canción, por ejemplo de Paquita la del Barrio o Vicente Fernández, nos identificamos con esa mentalidad egoísta y nos lleva a la desarmonía, al sufrimiento y al dolor. Y aunque aparentemente nos sentimos felices cuando escuchamos ese tipo de música, en realidad los que se alegran son los egos del desamor, de la ira, el orgullo, la vanidad o la lujuria. Todo ello nos aleja de nuestra divinidad, del amor y la armonía.
En el mundo de los sonidos perversos también se habla de amor, también se habla de muchas cosas que llaman la atención, pero nunca pueden satisfacer nuestra alma, porque son intentos de ser feliz sin Dios, de sustituir a Dios con algún tipo de objeto sexual donde el amor se vuelve lujuria, solamente interesado en una satisfacción material temporal. Así es mis estimados lectores, paz profunda.

Las epidemias psíquicas Prócoro Hernández Oropeza La humanidad ha pasado por varias epidemias, hambrunas, guerras y ahora pandemias co...