Páginas vistas en total

lunes, 17 de agosto de 2015

Pitágoras y los misterios egipcios

Primera parte Se sabe que muchos maestros realizados o ascendidos, antes de su entronización o iluminación fueron a Egipto a estudiar los misterios iniciáticos. ¿Qué conocimientos, sabiduría o rituales poseían los egipcios que tantos maestros, sobre todo muchos filósofos y pensadores griegos fueron a beber de esa sabiduría de Ra, Osiris o de Hermes Trismegisto? Después Jesús pasó por esas escuelas herméticas o iniciáticas y no sólo egipcias también de la India y de otras escuelas esotéricas. Esa sabiduría egipcia se pierde en las tinieblas del tiempo, diez mil o más años antes y tan avanzada estaba que muchos filósofos griegos fueron a beber de ella. La doctrina egipcia ya concebía al hombre como un ser tripartito; posee un cuerpo –“khet”-, un espíritu –“ka”- y un alma –“ba”-, siendo “ka” la inteligencia divina que anima a toda criatura viviente, y el “ba” la personalidad espiritual, la voluntad, el alma humana. Estas concepciones influyeron en los misterios griegos de Eleusis, influencia que viene a demostrar una profunda acción de la mística egipcia en la realidad y el pensamiento griegos. Realmente las ideas osiríacas se imponen por completo a los misterios griegos y les transmiten la concepción egipcia del alma y de la vida del más allá. Los misterios de Eleusis enseñan que el alma sigue exactamente la suerte de Dionisos: vive primero en el Uno, y luego, mezclada con la materia, adquiere conciencia de sí misma asociándose a una personalidad humana, para volver después de la muerte a Dionisos y fundirse con él en el reino de los espíritus. Este es el mismo el destino que los egipcios le asignan al alma. Pitágoras es uno de esos sabios que viajó a Egipto para ser instruido e iniciado en esos misterios sagrados. Se cuenta que Pitágoras fue hijo de una acaudalado comerciante de sortijas de Samos y su madre una hermosísima mujer llamada Pharthenis. Luego de nacer, sus padres llevan a Pitágoras con una pitonisa de Delfos, quien les pronostica que su hijo será útil a la humanidad de entonces y la de todos los tiempos. Al cumplir un año, el hijo es llevado al templo de Adonai, en una región apartada de Líbano para que recibiera las bendiciones de manos del sumo sacerdote. El sacerdote pronostica casi lo mismo que la pitonisa y les dice: “Oh orgullosos padres de Jonia, su hijo será grande por su sabiduría, deben ser conscientes de que los griegos son dueños de una de las ciencias de los dioses, pero la verdadera, la de dios está solamente en Egipto.” Con el paso del tiempo, Pitágoras es admirado por apuesto, mesurado, justo, observador y de inteligencia sumamente brillante. Como otros maestros, Pitágoras sobrepasa a sus instructores y se sumerge en las agitadass aguas de la búsqueda interior y sostiene que todo lo que le rodea y ve y hasta lo que no puede apreciar por los órganos de los sentidos, tienen razón de ser y nada es gratuito o inútil en el universo. De tal suerte que no sólo es un hombre de ciencia, sino un ser humano religioso y un místico. Como su madre siempre le recuerda las palabras del sumo sacerdote del templo de Adonai, Pitágoras sabe que debe ir a Egipto. Es ayudado por el dictador de Samos, Polícrates, quien le recomienda con su amigo, el faraón de Egipto llamado Amasis. Se traslada a Heliópolis, la ciudad del Dios Ra o Dios del Sol y Amasis lo presenta con los sumos sacerdotes de Menphis. Al principio los sacerdotes se resistían a admitir a un extranjero, pero por la recomendación del Faraón, lo reciben y la vida iniciática para el joven Pitágoras no fue fácil. Estos sumos sacerdotes se dedicaban a cultivar la astronomía y el ascetismo y se autodenominaban como los que ven y se defienden de las indiscreciones de la impiedad de los profanos. Con ello dan a entender que sus conocimientos son secretos, herméticos, lo mismo que sus rituales e iniciaciones a los que son sometidos sus discípulos. Luego de pasar a grandes pruebas físicas e intelectuales, finalmente los sacerdotes egipcios, aunque también había caldeos y persas, Pitágoras es iniciado en los grandes misterios egipcios y en los conocimientos verdaderos, al que no todo mundo accede. (Continuará) Pitágoras, la pasión de Osiris Segunda parte El maestro de Samos, Pitágoras, fue sometido a varias pruebas iniciáticas en Egipto, una de los cuales y la más importante fue La pasión de Osiris. En esa pasión se narra cómo su hermano Seth y los demonios rojos dan muerte al Rey Osiris y no sólo lo matan, sino que descuartizan su cuerpo y lo riegan sobre las orillas del río Nilo. Originalmente Seth sólo lo había encerrado en un sarcófago y lo depositó en el río, pero como su esposa Isis fue en su búsqueda, Seth hizo que lo sacaran, lo descuartizaran y lo regaran en el río con el objetivo de que los cocodrilos lo comieran. No contó Seth que estos animales le respetaran y entonces Isis pudo recoger los fragmentos de Osiris y reconstruirlo. En realidad esta pasión de Osiris es la pasión por la que todos debemos transitar, misma que realizó Pitágoras en su proceso iniciático. Seth representa a esos demonios, egos o yoes que han fragmentado nuestra consciencia. En la pasión de Osiris, Horus, el hijo debe dar la batalla contra Seth y sus demonios y derrotarlo para recuperar esa divinidad, la consciencia fragmentada. En la mitología egipcia, cuando Horus llegó a la mayoría de edad, se dispuso a luchar contra Seth para recuperar el trono de su padre. Pero en realidad, Horus es ese Cristo interno que debe dar la batalla contra Seth y sus demonios, contra esos agregados psicológicos que se han depositado en nuestra psique y controlan parte de nuestros pensamientos, emociones y voluntad. Esa pasión, semejante a la que vivió Jesús, es la misma que todos los maestros trascendidos deben llevar a cabo para su realización. Idéntica batalla todos debemos llevar a cabo con el fin de liberarnos de la esclavitud del tirano. Pues bien, ese proceso lo vive Pitágoras y descubre que los dioses no son más que personificaciones (se refiere a los diversos dioses imperantes en esa época), por lo que es más importante descubrir el Khe peru, es decir la esencia. Entender que somos una esencia divina, una esencia que pertenece a Dios, no el ego y que Dios habita en nuestro interior, además sabe que es inmortal. A estas alturas el maestro griego se hace la siguiente pregunta: ¿Qué sucede con la muerte? Para ello los egipcios tenían sendos conocimientos de estos misterios, contenido en El Libro de los muertos. Los egiptólogos le denominan también «Libro de la Salida al Día» o «Libro de la emergencia a la luz». Este consistía en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través de la Duat, el inframundo, y viajar al Aaru, en la otra vida y ayudar al faraón muerto a ocupar su lugar entre los dioses, en particular a reunirse con su padre divino Ra. Pitágoras descubre que cuando la muerte se aproxima y está en agonía el alma presiente su cercana separación del cuerpo. En ese momento vuelve a ver toda su existencia terrestre en una rápida sucesión, pero en la que no pierde detalle, y además es asombrosamente clara. Aquí pueden ocurrir dos situaciones: si su consciencia es pura y santa, sus sentidos espirituales despertarán por la desintegración gradual de la materia o cuerpo, y sentirá la presencia o existencia de otro mundo. Cuando al fin se libera del frío cadáver, se dirigirá hacia la gran luz a la que pertenece. En otro aspecto, si es un humano ordinario y vulgar, sin trabajo espiritual, sólo gobernado por sus instintos materiales, entonces sentirá como si acabara de despertar de una pesadilla, pero ya no puede asir los objetos a los que estaba acostumbrado ni a escuchar su voz. Se encuentra en el limbo de las tinieblas y espantado por lo que vive sufre en el caos total. La duración de este tormento dependerá de la fuerza de los instintos del alma. Si el alma adquiere consciencia poco a poco de su nuevo estado podrá salir de ese espacio de tinieblas, en una dura batalla y, subirá escalón por escalón hasta liberarse de la atracción terrestre. Continuará La Academia Pitagórica Tercera parte “Hagan germinar el alma por la meditación y lograrán el ascenso como por las alas del águila.” Pitágoras Además de sus procesos iniciáticos y conocimientos esotéricos, Pitágoras profundiza en la sagrada matemática, la ciencia que forman los números en sus infinitas expresiones y sus relaciones con los principios universales. Para ello recibe las influencias de uno de sus maestros más importantes llamado Moscos. Es un descendiente directo de Moisés y Moscos junto a otros maestros y sacerdotes egipcios lo adentran en la comprensión y el conocimiento de una antigua raza proveniente de la Atlántida. De ella obtiene la ilustración para descifrar los jeroglíficos de las columnas de los templos de Sais y Menphis, de donde extrae la semilla de la Geometría y el Antiguo Testamento. Cuando Pitágoras decide retornar a su patria, Egipto es invadido por el Rey Persa Cambises II. Ahí presencia con horror el saqueo de Menphis y Tebas, la destrucción de Helenia, además de la ejecución del Faraón Psamético y su familia. Una vez conquistado el país, Cambises decide desterrar a los sacerdotes sobrevivientes y al mismo Pitágoras a Babilonia. Pitágoras no desaprovecha esta circunstancia y durante los doce años que pasa en Babilonia aprende los misterios de Mesopotamia, entrando en contacto con científicos de China e India, hecho que le marcan un fuerte misticismo oriental. Pero además tiene acceso a la sabiduría de los magos y maestros herederos de Zoroastro, así como a los antiguos conocimientos arcanos de la magia blanca. Luego de pedir perdón y permiso al rey de los persas, Pitágoras regresa a su natal Samos. Como la encuentra bajo el yugo de la tiranía y los templos y escuelas están cerrados, junto con su madre se dirige a Grecia, pero su intención es llegar a Delfos, hermosa ciudad situada al pie del monte Parnaso y que además es famosa por su oráculo en honor al dios Apolo. Es además el lugar más sagrado y santo de Grecia, no obstante, antes recorre otros templos existentes en el país. Al llegar a Delfos ora ante el templo de Apolo, el único que no está manchado de sangre, porque en los otros las personas les ofrecen sacrificios con animales. Pitágoras sólo lo venera con un toro elaborado con pasta. Antes de entrar al templo, Pitágoras encuentra dos sentencias: “Conócete a ti mismo” y “No se aproxime quien no sea puro”, dos frases con mucho significado indicando que dentro del templo sólo reina la verdad de Dios y todo lo que hay a su alrededor es totalmente puro. Aquí permanece un año instruyendo a los sacerdotes en los secretos de su doctrina y también brindando sus excelsos conocimientos a quienes acuden al templo. Con gran entusiasmo les habla de los misterios de Isis, la terrestre y la divina, a quien considera la más grande madre de los dioses y la humanidad. Luego se dirige a Crotona en el extremo golfo de Tarento, al sur de Italia y fundada por los aqueos. Aquí ya venía precedido por su fama de sabio, por lo que las autoridades le piden que exponga algunas de sus ideas y Pitágoras prepara cuatro encendidos discursos, uno dedicado al senado, otro a los jóvenes, luego a mujeres y por último a los niños. En ellos da sendas recomendaciones morales de gran perfección y refinamiento, instando a ajustar la conducta humana a los cánones de la armonía y la justicia. Estas disertaciones calan en la sociedad crotense y el paso siguiente es fundar una academia, la academia pitagórica, que según los expertos es muy semejante a las universidades actuales. Tanto hombres como mujeres tienen la posibilidad de ingresar, pero deben someterse a ciertas pruebas, no tan duras como las egipcias, que no todos logran pasar. En esa academia se les enseña ciencias, filosofía, artes, deportes y otras enseñanzas armonizadas con la madre naturaleza. Las pruebas son de carácter iniciático, de tal suerte que quienes logran pasarlas, son elegidos para encauzarlos a estudios más profundos, que no están al alcance de los profanos. Son enseñanzas herméticas, una de las reglas de toda escuela iniciática. Aquí conviven dos tipos de estudiantes: los externos, que regresan a sus casas después de tomar sus clases y los internos, quienes viven ahí en una especie de monasterio. Estos últimos deben realizar tres etapas: 1. El silencio, 2. La purificación, 3. La Evolución espiritual y 4. Epifanía. Continuará Pitágoras, los tres grados: El silencio, la purificación y perfección Cuarta parte Las razones por las que Pitágoras eligió Crotona como sede de su academia se debieron, entre otras, a que no sólo quería enseñar su doctrina esotérica a un círculo de iniciados o elegidos, sino aplicar sus principios a la educación de la juventud e influir en la vida de la sociedad y el estado. Además de que las ciudades griegas asentadas en el golfo de Tarento eran más liberales y menos influidas por la demagogia. Pitágoras era demasiado riguroso para la admisión de alumnos y decía que “No toda la madera sirve para hacer un mercurio.” Así que luego de meses de observación y pruebas, los alumnos escogidos eran sometidos a las pruebas decisivas, una imitación menos severa que las pruebas iniciáticas egipcias. Una de las pruebas morales consistía en encerrar al discípulo en una celda desnuda. En una pizarra le pedían que buscara el sentido de, por ejemplo: ¿Qué significa el triángulo inscrito en el círculo? Si lograba pasar todas las pruebas entonces empezaba su verdadera vida de discípulo y noviciado y ahora debía cursar tres grados: Primer grado, Preparación o el silencio, 2. Purificación, 3.Perfección espiritual, 4. Epifanía, En el primer grado, los novicios se someten a la regla absoluta del silencio, sin derecho a realizar cualquier objeción al maestro, ni discutir sus enseñanzas. Sólo las reciben con respeto y meditando profundamente sobre ellas. Para recalcar esto se le mostraba al novicio una estatua de mujer envuelta en amplio velo y un dedo sobre los labios; la musa del silencio. El objetivo de esta práctica era para desarrollar en sus capacidades la facultad primordial y superior del hombre, que es la intuición. Aquí también se hacía honrar a la trinidad, al gran Padre/Madre y al hijo. El gran Padre llamado Júpiter, la madre Cibeles, que produce los astros o Deméter que genera los frutos y flores y a ellos el hijo debe honrar. Sobre todo se inculcaba que los diversos dioses en apariencia, eran en el fondo los mismos en todos los pueblos, sólo con diferentes nombres. En el segundo grado, Purificación, el de los números o la teogonía. El maestro recibía al noviciado en su morada y le aceptaba solemnemente y aquí comenzaba la verdadera iniciación. En esta parte se les enseñaba de forma razonada y completa la doctrina oculta, desde los principios contenidos en la ciencia de los misterios de los números, hasta las últimas consecuencias de la evolución universal en los destinos y fines supremos de la divina psiquis o alma humana. Esta ciencia se condensa en un libro escrito por el maestro, llamado Hieros logos, La palabra sagrada. En ella se da la clave del Ser, de la ciencia y de la vida. Esta ciencia pregona que la obra de iniciación consiste en aproximarse al gran Ser, procurando tener con él puntos de semejanza, volviéndose tan perfecto como fuera posible, dominando las cosas con inteligencia. “Vuestro propio ser, vuestra alma, ¿no son un microcosmos, un pequeño universo?, se preguntaba Pitágoras. Entonces lo que se trata es de realizar la unidad en la armonía y aquellas discordias han de desaparecer. Entonces y sólo entonces, Dios descenderá en vuestra conciencia, luego participaréis de su poder y haréis de vuestra voluntad la piedra del hogar, el altar de Hestia, el altar de Júpiter. A la gran madre, Pitágoras le dice Hestia o Cibeles, no importa el nombre, es el eterno femenino, la parte femenina de Dios, el Padre, cuyo nombre tampoco importa, puede ser Apolo o Júpiter, o Krishna. Como sostiene Pitágoras, es el mismo Dios, sólo con nombres distintos. Pues dice Pitágoras: Dios, la substancia invisible, tiene por número la Unidad que contiene el infinito, por nombre el de Padre creador o Eterno-masculino, por signo el fuego, símbolo del espíritu, esencia de todo. Este es el primer principio. De ahí que la Dyada creadora representa la unión del Eterno Masculino y del Eterno Femenino en Dios, las dos facultades divinas esenciales y correspondientes. Antes, Orfeo había expresado esta idea poéticamente en el siguiente verso: “Júpiter es el esposo y la Esposa divinas, Padre/Madre”, no como las actuales religiones del mundo pregonan sólo la parte masculina de Dios y se han olvidado del eterno femenino, la Gran Madre. (Continuará) Pitágoras, Evolución espiritual Quinta parte En la escuela pitagórica, los iniciados deben pasar por tres grados, se había dicho: 1. El silencio, 2. La purificación y 3. La Evolución espiritual, pero hay uno más que había omitido y es la Epifanía. Hoy tocamos acerca la Evolución espiritual. Los adeptos, luego de haber recibido los principios de la ciencia, ahora se deben descender de las alturas, de lo alto absoluto a las profundidades de la naturaleza para comprender cómo se desenvuelve el pensamiento divino en la formación de las cosas y en la evolución del alma. Pitágoras les explica que la evolución material y la espiritual del mundo son dos movimientos inversos pero paralelos y concordantes con toda la escala del ser. La evolución material representa la manifestación de Dios en la materia por el alma del mundo que la trabaja. En cambio la espiritual representa la elaboración de la consciencia en las nómadas individuales y su tentativa de unirse, a través del ciclo de vidas, con el espíritu divino de que ellas emanan. Ver al universo como un ser vivo, animado por una gran alma y penetrado por una gran inteligencia. De esta forma los iniciados entendían que la tierra es para nosotros la región de la vida corporal. Aquí se operan las encarnaciones y desencarnaciones de las almas. Por este planeta han pasado otras razas que han sucumbido a través de cataclismos, como la atlante. Entonces se pregunta Pitágoras ¿cuál es el grande, el punzante, el eterno misterio? Se responde que es el alma, quien descubre en sí misma un abismo de tinieblas y de luz, que se contempla con una mezcla de encanto y temor y se dice: “Yo no soy de este mundo, porque él no basta para explicarme. No vengo de la tierra y voy a otra parte. ¿Pero adónde?” He ahí la frase que estaba en el portal del Santuario de Delfos: “Hombre, conócete a ti mismos y conocerás al universo y a los Dioses.” Es el secreto de los iniciados y para penetrar a esa puerta estrecha en la inmensidad del universo invisible es necesario despertar en nosotros la vista directa del alma purificada y armarnos con la antorcha de la inteligencia, de la ciencia de los principios y de los números sagrados. Luego preguntaba a sus alumnos: ¿qué es el alma humana? Una parcela del mundo, una brasa del espíritu divino, una mónada inmortal. Para llegar a ser lo que es ha debido pasar por distintos procesos, de mineral, a vegetal, luego animal hasta llegar a ser humano. Y cuanto más asciende la mónada en la serie de los organismos más se desarrollan los principios latentes que en ella están. Y lo más importante, en la medida que se enciende la antorcha vacilante de la consciencia esta alma se vuelve más independiente del cuerpo, más capaz de llevar una existencia más libre. De aquí deduce que el alma humana solo viene del cielo y al él vuelve después de la muerte. Otra aspecto no menos importante al que llega Pitágoras es: “! Qué de viajes, qué de ciclos planetarios atravesar aún, para que el alma humana así formada se convierta en el hombre que conocemos! De acuerdo a las tradiciones esotéricas de India y Egipto, los que conformamos la humanidad actual hemos comenzado nuestra existencia en otros planetas, donde la materia es mucho menos densa que en la tierra. El cuerpo del hombre era casi vaporoso, sus encarnaciones ligeras y fáciles, con facultades de percepción espiritual directa muy poderosa y sutiles en la primera fase humana. En ese estado semicorporal el hombre veía espíritus, todo era esplendor y encanto y música para su audición. Oía hasta la armonía de las esferas. Pero después encarnó sobre planetas más y más densos y encarnado en una materia más densa, la humanidad ha perdido su sentido espiritual. La tierra ha sido el último escalón de este descenso en la materia, al que Moisés llama la salida del paraíso. Por ello los maestros afirman que este planeta es un planeta de contención de tanta maldad y aquí se viene a sanar el alma. Y solamente cuando el hombre adquiere por su acción la consciencia y el poder de lo divino, entonces solamente llega a ser un hijo de Dios. De ahí que Pitágoras nos habla de esta trinidad: espíritu, alma y cuerpo. Ese espíritu, actuando en el fondo de los cielos como en la tierra debe tener un órgano; este órgano es el alma viviente, sea bestial o sublime, obscura o radiante, pero teniendo la forma humana (cuerpo), es la imagen de Dios, una emanación de Él. (Continuará) Pitágoras, Epifanía Sexta parte Para Pitágoras el fin de la enseñanza no era absorber al hombre en la contemplación o en éxtasis, los verdaderos iniciados debían volverse mejores en la tierra, más fuertes y mejor preparados para las pruebas de la vida. A la iniciación de la inteligencia debía suceder la de la voluntad, la más difícil de todas. En esta etapa, la cuarta o Epifanía, el discípulo debería hacer descender a la verdad en las profundidades de su Ser y encausarla en la práctica de la vida. Para lograr esta etapa, Pitágoras prescribía la reunión de tres perfecciones: Realizar la verdad en la inteligencia, la virtud en el alma y la pureza en el cuerpo. Ponía énfasis en el cuerpo mediante una sabia higiene y una continencia mesurada para mantener la fuerza corporal. Esto debido a que todo exceso del cuerpo deja una traza y una mancha en el cuerpo astral, organismo vivo del alma, y por consiguiente del espíritu. Se precisa que el cuerpo esté sano para que el alma lo esté. Esto significa cuidar alimentos y el uso sabio de la energía sexual, por ello uno de los requisitos para la disciplina de los adeptos es la castidad o celibato, pero trabajada científicamente. En cuanto al alma, iluminada por la inteligencia, debía adquirir el valor, la abnegación y la fe, en una palabra la virtud y con ella forjar una segunda naturaleza que sustituya a la primera. En cuanto a la primera, la inteligencia, es necesario que el intelecto alcance la sabiduría por la ciencia, de tal modo que sepa distinguir el bien del mal y ver a Dios en el más pequeño de los seres como el conjunto del mundo. En suma, es un practicante de las virtudes y conectado con lo que en India llaman el manas superior o la inteligencia superior, conectada o proveniente de su real Ser. Esto, sin duda, tiene relación con la carta siete del tarot Egipcio, El carro del Triunfo, cuyo axioma sostiene: “Cuando la ciencia entre a tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma, pide y te será dado.” Es el nivel al que han llegado los adeptos: la Epifanía. A esta altura, el hombre es un adepto y, si posee una energía suficiente, entra en posesión de facultades y de poderes nuevos. Los sentidos internos del alma se abren, la voluntad irradia en los demás. Su magnetismo corporal penetrado por los efluvios del su alma, electrizado por su voluntad adquiere un poder aparentemente milagroso. Puede curar enfermos por la imposición de sus manos, penetrar con su mirada en los pensamientos de los hombres; en estado de vigilia logra ver acontecimientos que se producen a larga distancia. En síntesis, el adepto se siente como rodeado y protegido por seres invisibles, superiores y luminosos, que le prestan su fuerza y le ayudan en su misión. Estos son los que se transforman en hombres verdaderos y dejan de ser simples máquinas humanas o humanoides. Es ese hombre que Diógenes, con lámpara en mano, buscaba en plena luz del día por las calles de Grecia o aquel súper hombre del que habló Friedrich Nietzsche. En la Epifanía, Pitágoras enseñaba a sus fieles aplicar su doctrina a la vida y les daba profundas y regeneradoras lecciones sobre las ilusiones y las pasajeras cosas terrestres. De ahí que el Teósofo iniciado realiza la verdad en la trinidad de su ser: Espíritu, alma y Cuerpo y en la unidad de su voluntad. Desde esa perspectiva distingue entre el bien y el mal. El mal es lo que hace descender al hombre hacia la fatalidad de la materia, mientras que el bien lo hace subir hacia la ley divina del espíritu, hacia su progresión espiritual y finalmente a su autorrealización o iluminación. Este es el más alto grado del ideal humano, es el hombre que posee el poder de la inteligencia sobre el alma y sobre el instinto, tiene el poder de la voluntad, el dominio y posesión de todas sus facultades y ha realizado la unidad en la trinidad humana. Son los adeptos, grandes iniciados, hombres primordiales, son los budas o Cristos, un anhelo al que todos debemos llegar algún día. (Continuará) Pitágoras, la muerte de un Cristo Séptima y última entrega* En Crotona, Pitágoras vive los últimos treinta años de su vida y aparte de la fundación y consolidación de su escuela pitagórica, el maestro influye en la ciencia, la filosofía y en las esferas del poder y el gobierno. Y precisamente a los sesenta años Pitágoras conoce a su sacerdotisa y compañera. Ella es Theano, un joven iniciada y bella mujer que cierto día lo enfrenta y le abre su corazón. Como todo iniciado, Pitágoras sabe que para completar su obra debe contar con una pareja para trabajar en los misterios del fuego, la energía creadora. En esos años la influencia del maestro en las ciudades próximas es de tal magnitud que lo ven como un semidiós. No lo era, pero sin duda sí un Cristo, no del tamaño de Jesús, pero al fin y al cabo un Cristo por todo su amor y sabiduría que entrega al pueblo. En este planeta han existido varios Cristos, pero hay niveles de Cristos. Su influencia se extiende, además de Crotona y sus alrededores en otras ciudades de la costa italiana. En Crotona se gobernaba por una constitución aristocrática, dirigida por El consejo de los mil. Estaba compuesto por las grandes familias, quienes ejercen el poder legislativo y vigila al poder ejecutivo. También existen las asambleas populares pero con poderes restringidos. Pitágoras quiere que el Estado sea un orden y una armonía y por lo mismo para conciliar le presión oligárquica y el caos de la demagogia, introduce un nuevo engranaje: crea sobre el poder político un poder científico, con voz deliberativa y consultiva en las cuestiones torales y a la vez regulador supremo del Estado. Sobre el Consejo de los Mil, organiza el Consejo de los Trescientos, elegidos por el maestro y reclutados sólo entre los iniciados, una pequeña emulación del sacerdocio egipcio. El Consejo de los Mil es una especie de orden político, científico y religioso, del cual Pitágoras es el jefe visible. Los miembros del consejo se comprometen con Pitágoras por un juramento solemne y terrible a un secreto absoluto como en los misterios iniciáticos. Esta orden pitagórica llega a tener influencias en ciudades como Tarento, Heraclea, Metaponte, Regium, Himere, Catania, Agrigente y Sybaris. A las ciudades que le llamaban para acogerse a esta forma de gobierno, las hace independientes y libres y tan bienhechora es su acción que cuando las visita, le dicen: “No es para enseñar, sino para curar”. Pero esa influencia soberana de un espíritu libre, esa magia del alma y la inteligencia con que gobierna despierta celos, envidia, odios terribles. Durante más de 15 años reina paz y armonía, pero en Sybaris, antigua ciudad enemiga de Crotona, se genera una rebelión popular. El partido aristócrata es vencido y quinientos desterrados piden asilo a Crotona. Como Sybaris amenaza con invadir a Crotona, el ejército dirigido por un alumno de Pitágoras, el atleta Milón logra vencer a los sybaritas. No sólo eso, los soldados toman, saquean, destruyen y convirten a Sybaris en un desierto. No se puede afirmar que fue con la complacencia de Pitágoras, puesto que esas acciones eran contrarias sus principios. Más bien motivado por un ejército victorioso y con pasiones atizadas por antiguos celos y por un ataque injusto. Esto anima a ciertos grupos que se autodenominaban democráticos a pedir el reparto de las tierras, pero también proponen arrebatar los privilegios al Consejo de los Mil, además de suprimir al Consejo de los Trescientos. Un tal Cylón, que anteriormente había sido rechazado en la escuela pitagórica por su carácter violento e impulsivo, con ansías de desquite, organiza un club opuesto a los pitagóricos. Logra atraer a los principales conductores del pueblo y los insta a expulsar a los pitagóricos. Leyendo en la tribuna extractos del libro secreto de Pitágoras La Palabra (Hieros Logos) y deformando su contenido le dice al pueblo que ese catecismo religioso es atentatorio contra la libertad. Cuestiona su autoridad, su orden de iniciados y le llama tirano. Una tarde Cylón amotinó a sus bandas y cercan la casa donde se reune Pitágoras con 40 de los principales miembros de la orden. Se cuenta que todos murieron por esas turbas y sólo logran escapar Archippo y Lysis. Así acaban con la escuela pitagórica, la orden se dispersa y aún así logran subsistir unos 250 años más. El legado del maestro Pitágoras no muere. Sus grandes conocimientos sobre astronomía, geometría, música, religión, filosofía y misticismo son innegables y deja grandes aportaciones a la humanidad. Por eso, Pitágoras fue un Cristo, indudablemente. *Estas entregas están basadas en los siguientes libros: Shure, Eduardo, Grandes Iniciados. Grupo Editorial Tomo, S.A de C.V., México, 1998. Góez Pérez, Marco Antonio, Pitágoras (Colección Los Grandes). Editorial Tomo, S.A de C.V., México, 2002.

jueves, 16 de julio de 2015

Pitágoras, Epifanía

Prócoro Hernández Oropeza Quinta parte Para Pitágoras el fin de la enseñanza no era absorber al hombre en la contemplación o en éxtasis, los verdaderos iniciados debían volverse mejores en la tierra, más fuertes y mejor preparados para las pruebas de la vida. A la iniciación de la inteligencia debía suceder la de la voluntad, la más difícil de todas. En esta etapa, la cuarta o Epifanía, el discípulo debería hacer descender a la verdad en las profundidades de su Ser y encausarla en la práctica de la vida. Para lograr esta etapa, Pitágoras prescribía la reunión de tres perfecciones: Realizar la verdad en la inteligencia, la virtud en el alma y la pureza en el cuerpo. Ponía énfasis en el cuerpo mediante una sabia higiene y una continencia mesurada para mantener la fuerza corporal. Esto debido a que todo exceso del cuerpo deja una traza y una mancha en el cuerpo astral, organismo vivo del alma, y por consiguiente del espíritu. Se precisa que el cuerpo esté sano para que el alma lo esté. Esto significa cuidar alimentos y el uso sabio de la energía sexual, por ello uno de los requisitos para la disciplina de los adeptos es la castidad o celibato, pero trabajada científicamente. En cuanto al alma, iluminada por la inteligencia, debía adquirir el valor, la abnegación y la fe, en una palabra la virtud y con ella forjar una segunda naturaleza que sustituya a la primera. En cuanto a la primera, la inteligencia, es necesario que el intelecto alcance la sabiduría por la ciencia, de tal modo que sepa distinguir el bien del mal y ver a Dios en el más pequeño de los seres como el conjunto del mundo. En suma, es un practicante de las virtudes y conectado con lo que en India llaman el manas superior o la inteligencia superior, conectada o proveniente de su real Ser. Esto, sin duda, tiene relación con la carta siete del tarot Egipcio, El carro del Triunfo, cuyo axioma sostiene: “Cuando la ciencia entre a tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma, pide y te será dado.” Es el nivel al que han llegado los adeptos: la Epifanía. A esta altura, el hombre es un adepto y, si posee una energía suficiente, entra en posesión de facultades y de poderes nuevos. Los sentidos internos del alma se abren, la voluntad irradia en los demás. Su magnetismo corporal penetrado por los efluvios del su alma, electrizado por su voluntad adquiere un poder aparentemente milagroso. Puede curar enfermos por la imposición de sus manos, penetrar con su mirada en los pensamientos de los hombres; en estado de vigilia logra ver acontecimientos que se producen a larga distancia. En síntesis, el adepto se siente como rodeado y protegido por seres invisibles, superiores y luminosos, que le prestan su fuerza y le ayudan en su misión. Estos son los que se transforman en hombres verdaderos y dejan de ser simples máquinas humanas o humanoides. Es ese hombre que Diógenes, con lámpara en mano, buscaba en plena luz del día por las calles de Grecia o aquel súper hombre del que habló Friedrich Nietzsche. En la Epifanía, Pitágoras enseñaba a sus fieles aplicar su doctrina a la vida y les daba profundas y regeneradoras lecciones sobre las ilusiones y las pasajeras cosas terrestres. De ahí que el Teósofo iniciado realiza la verdad en la trinidad de su ser: Espíritu, alma y Cuerpo y en la unidad de su voluntad. Desde esa perspectiva distingue entre el bien y el mal. El mal es lo que hace descender al hombre hacia la fatalidad de la materia, mientras que el bien lo hace subir hacia la ley divina del espíritu, hacia su progresión espiritual y finalmente a su autorrealización o iluminación. Este es el más alto grado del ideal humano, es el hombre que posee el poder de la inteligencia sobre el alma y sobre el instinto, tiene el poder de la voluntad, el dominio y posesión de todas sus facultades y ha realizado la unidad en la trinidad humana. Son los adeptos, grandes iniciados, hombres primordiales, son los budas o Cristos, un anhelo al que todos debemos llegar algún día. (Continuará)

viernes, 3 de enero de 2014

2014, que así sea

Prócoro Hernández Oropeza “Cuando la ciencia entre a tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma, pide y te será dado. “ Arcano siete del tarot egipcio. Arribamos a otro año, el 2014 y muchos se han de preguntar: ¿Cómo será? ¿Qué nos deparará? Sin duda será como uno decida que sea. Sabemos que somos cocreadores de nuestro destino, de nosotros depende su comportamiento, su desarrollo y cómo nos impactará. Habrá eventos que no podremos controlar, tales como un invierno extremoso, un huracán o terremoto, la violencia de nuestro entorno, el pesimismo de la gente ante la situación económica y política del país, del mundo, pero dependerá de nosotros como los enfrentamos. Y sólo tenemos dos alternativas: en amor y sabiduría o en dolor y sufrimiento. Lo mejor será enfrentarlo desde la primera óptica, en amor, felicidad y sabiduría, sin identificarnos con la oscuridad o el sufrimiento. Enfrentarlo con sufrimiento, miedo o dolor, además de robar nuestra energía y quedar atrapados en nuestros demonios, nos alejamos de nuestra verdadera esencia que es luz, amor, felicidad, paz interior, sabiduría. En la numerología egipcia, si sumamos los números 2014, da como resultado 7. Este número, de acuerdo al tarot egipcio, es el arcano del triunfo. Simboliza el misterio de la luz universal, representa el conocimiento de la intención y toda la fuerza para llevarlo a cabo. También el triunfo en todo lo que se proponga. En el plano espiritual, el espíritu gobierna sobre la materia; en el plano mental la eliminación de dudas y errores. Conocido como el Tarot ó Libro de Thot es un libro sagrado de los antiguos egipcios. En él se revelan misterios de una escuela iniciática y hermética y los temas que con mayor frecuencia fueron estudiados por los sacerdotes egipcios eran los relacionados a las cosas del espíritu. Más que un conjunto de cartas para consultar nuestro destino, se cree que la información de esta sabiduría encierra el conocimiento de civilizaciones más antiguas que las datadas por la historia que conocemos. De acuerdo a esta información, pese a los infortunios o señales pesimistas y alarmistas, al incremento de los impuestos, al mínimo progreso de la economía, el crecimiento del desempleo, la corrupción y la negligencia de los políticos y gobernantes para dirigir nuestros destinos con honradez y generosidad, es posible salir triunfantes. Esto será posible si nos adentramos a develar ese misterio de la luz universal. ¿Qué significa el misterio de la luz universal? Significa que el espíritu toma forma, ascendiendo sobre la materia. Si realizamos un trabajo consciente en nuestro interior, en nuestra psique eliminando esos agregados psicológicos que la gobiernan, nos convertiremos en instrumentos divinos, en seres de luz. Entonces podremos convertir en nuestra verdad el axioma de este arcano, permitiendo que la ciencia, el conocimiento divino gobierne nuestra mente, emoción y voluntad. Ese conocimiento nos permitirá comprender los principios que gobiernan nuestros actos y todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Entonces, en el terreno mental, la iluminación de la razón ayudará a eliminar las dudas y la progresiva adquisición de la verdad, a superar los errores sin juicio ni crítica. La sabiduría vendrá en consecuencia porque es el conocimiento que viene del mismo Ser, de nuestra esencia divina, sin la distorsión de la mente contaminada por los egos. Eso significa que la sabiduría ahora será dulce a tu alma y entonces podrás pedir, crear lo que desees porque eres uno con todo, uno con el Gran Padre/Madre. No busques afuera, toda la sabiduría está en tu interior. Feliz 2014, el año del triunfo, del triunfo de nuestro Ser sobre la oscuridad. Que así sea. Paz interior.

jueves, 2 de enero de 2014

La sencillez del hombre

Prócoro Hernández Oropeza La gente piensa que quien ha leído muchos libros y atesorado muchos conocimientos es un gran conocedor o un sabiondo. Ha acumulado información y le sirve para tomar decisiones en su relación diaria con quienes le rodean, pero ello no significa que sea un sabio o una gran persona. A nivel mental puede recitar la biblia de memoria o el libro de las Mil y una Noches, pero su vida puede reflejar otra cosa, como por ejemplo, ser testaruda, iracunda, ambiciosa u orgullosa. Afirman los maestros que los santos con sus virtudes han causado mucho daño a la humanidad. Viene a cuento la historia de una persona que se creía un santo. A su casa llegó un poeta con un poema que había escrito para él. A cambio quería ver recompensado su esfuerzo con una moneda para comer. Pero el santo, con mirada piadosa y ceño fruncido cerró la puerta, pidiendo al poeta que se fuera de allí porque él aborrecía esas cosas de la poesía y la lisonja. No sabe cuánto daño hacía al poeta con ese despreció, a pesar de considerarse un santo. En otra ocasión, otro maestro, Guru Nanak, llegó a un pueblo donde dos sacerdotes realizaban un ritual en honor de sus dioses y todos los fieles seguían firmemente sus indicaciones. Primero implorando a su dios en las cuatro direcciones y ofreciendo sus plegarias. Cuando vieron que Guru Nanak no seguía las instrucciones lo cuestionaron. ¿Y tú porque no sigues el ritual? ¿Acaso no eres religioso? Nanak les respondió: Cómo voy a seguir tus instrucciones estás pensando en los beneficios que obtendrás por la venta de un lote de caballos. Y tú, le dijo al otro, piensas en cómo resolver un asunto delicado con un vecino tuyo. Cuando se dieron cuenta de tales verdades, comprendieron que todo lo hacían mecánicamente, sin servir en realidad al Dios al cual le ofrecían sus plegarias. Un verdadero hombre santo, un sabio, no juzga, no enjuicia, ni regaña. Es un hombre verdadero, comprensivo y tiene una mente simple. En él, el estudio y el conocimiento se han convertido en auténtica comprensión creadora, trasciende el yo maquiavélico que lleva dentro, que sólo es memoria acumulada. El hombre sencillo tiene la mente libre de experiencias porque estas se han vuelto conciencia, convertidas en comprensión creadora. Ese hombre vive la vida intensamente y transforma todas las experiencias en auténtica comprensión creadora. Apela a la autocrítica profunda, al psicoanálisis íntimo para transformar el conocimiento y las experiencias en profunda comprensión creadora. Este es el camino del sabio. Nanak decía: Instrúyete en el arte de la verdadera vida. Deja que tu corazón y tu mente se vistan con el traje de peregrino. Cada hora de la noche y del día busca a tu hacedor. Borra de la pizarra de la mente todo lo que tiene escrito y púlela hasta que brille como un espejo. Aparecerá en ella entonces una chispa luminosa. Esta chispa se convertirá en el sol y un sonido sin sonido llenará tu corazón de música divina y te traerá cerca de Dios. Recuerda: tú eres el camino, tú el lápiz y la lapicera, tú también la palabra escrita. Tú eres el único. No hay otro. Sólo lograrás esto, sin complicarte la mente, sin el sepulcro corrompido de la memoria, sólo disfrutando el momento, si el deseo de ser santo, virtuoso o más grande, porque ese deseo tiene por fundamento la envidia. Un sabio disfruta la vida momento a momento, en el aquí y ahora.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Los haikus y el invierno

Prócoro Hernández Oropeza Estamos en el umbral del invierno, esto se nota porque el sol, en esta parte del planeta, el pacífico, Puerto Vallarta, quema menos, la fuerza de sus rayos ha menguado y su brillantez también. Más frescas las noches, más claro el cielo y se puede apreciar su infinitud y la multitud de estrellas. Las nubes se han alejado y los cerros empiezan a cambiar de piel, los árboles de color y cientos o miles de cuervos y otras aves se dejan venir a gozar de este clima. Por la tarde noche hacen gran algarabía en su casa de árboles, tal parece que narran sus cuitas, hacen fiestas y tertulias poéticas o simplemente se sienten contentos aquí. Me encantan los haikus, esos poemas breves japoneses que describen estos fenómenos naturales, el cambio de estaciones y la vida cotidiana de la gente, pero lo hacen con sencillez, naturalidad, sutileza, austeridad y simetría. La sensación de que algo falta... Caen las hojas. Caen las hojas... Desde ahora, el agua se vuelve más sabrosa. Este haiku, del poeta Taneda Santoka, describe esta naturalidad y al mismo tiempo esa sensación de libertad. Esa libertad en la que viven los cuervos, las mariposas, las águilas, el colibrí. Si pudiéramos traducir los trinos de las aves cuando cantan, me imagino que son de alegría, de pasión, de amor, de libertad. Al escuchar sus trinos, sus himnos, ahora que no les molesta la lluvia, me imagino conversaciones como esta: Las hojas de mi vida son verdes y livianas Juegan con el viento y las faldas de la luna Cubren el suelo cuando tiene frío Se deslizan por ríos amatistas en oleadas de cantos ambarinos. Aunque este verso no es un haiku, es posible que los pájaros compongan muchos haikus, porque como afirma Vicente Haya, >>La piedra angular del haiku es el aware, una emoción profunda provocada por la percepción de la naturaleza. A menudo se trata de una emoción melancólica o también la alegría exultante, de una conmoción espiritual, que es a la vez estética y sentimental.<< … La recojo y la alzo hacia la luna. La luminosidad del agua ... Con viento de otoño recojo una piedra. Otra vez Taneda, con su haiku, nos traslada hacia ese estado de contemplación, de suspenso y de asombro. Con el viento de otoño recojo una piedra, pero qué pasa con esa piedra. Para que la recoge, cuál es su destino. Y si la lanza hacia la luna, qué tiene que ver la luminosidad. No importa, a cada uno nos otorga la libertad de escoger el sentido que queramos darle. Así las aves, lanzan sus himnos al universo y si tenemos oídos podemos traducirlos y sentirlos en diálogos como estos: Mis alas se deshacen con tu mirada. Es la tarde que parpadea. No, tus ojos desordenan mis plumas. Tal vez. ¿Puedo tomar una para escribir que te amo? Es otoño, se acerca el invierno y aquí, cada atardecer es un haiku, con un sol que se desvanece lentamente en el mar y sus rayos se esparcen, se pierden entre los cerros y en el lienzo azul. Son absorbidos por aquellos que lo disfrutan y lo admiran. Va esta columna dedicada a una gran señora, Doña Josefina Cortés de Torres quien ha levantado vuelo hacia otras dimensiones. Un pequeño homenaje a esta fina persona que, cuando Tribuna de la Bahía inició sus labores, ella creyó en él, apoyó el proyecto y llegó a publicar parte de sus memorias y sus alegrías. No hubo tiempo de una despedida, pero debe saber que siempre estará en mi jardín de los recuerdos.

jueves, 27 de junio de 2013

El miedo, a qué obedece


Prócoro Hernández Oropeza

El miedo es una de las emociones más terribles o dramáticas que acosan al hombre. Todos, sin excepción alguna hemos pasado por momentos de miedo o lo percibimos a flor de piel cada vez que nos enfrentamos a un dilema o aun problema.
 ¿Qué es el miedo? En psicología se dice que se produce la emoción de miedo cuando existe un estímulo, evento o situación que, tras la valoración realizada por el individuo, resulta significativamente relacionada con la amenaza física, psíquica o social del organismo. Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. Más allá de la amenaza física se encuentra también el sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea: tenía miedo de que la fiesta saliera mal, tenía miedo a que le dijera la novia que no lo aceptaba.
Como observamos existen dos tipos de miedo, uno físico, amenaza real como por ejemplo toparse con un león y otro de tipo psicológico: miedo a toparse con un ladrón. En ambos, el miedo se manifiesta en el plano mental. Afirman los budistas que existen dos clase de miedos: el miedo apropiado y el miedo impropio. El miedo es apropiado cuando se fundamenta en un peligro de existencia real, respecto del cual se pueden tomar medidas para evitarlo. Como la persona que deja de comer carnes rojas porque tiene miedo de bajar sus vibraciones espirituales.
El miedo impropio es el que surge de cosas que no pueden perjudicarnos como tenerle miedo a una cucaracha; o que no podemos evitar, como tener miedo a envejecer o a morir. Esta clase de miedo nos lleva a deprimirnos y paralizarnos.
Sin duda, el miedo es parte de una programación mental, pero también forma parte de nuestros agregados psicológicos. Esto significa que el miedo, si bien tiene su origen en la parte instintiva como mecanismo de defensa, la mayoría de ellos son producto de esos yoes psicológicos de nuestra psique. Los bebés, por ejemplo, no saben lo que es el fuego y se dice que pueden colocar su mano ante una llama de fuego y no sienten dolor. Pero cuando los adultos le indican que no la coloque ahí porque se queman, entonces el cuerpo responde con dolor si la vuelve a colocar.
Así como el amor es la madre de las virtudes, el miedo es la madre de su antítesis, los egos o pecados capitales. De ahí que todo mundo estamos expuestos al miedo. Unos  con miedo a la  muerte, a la enfermedad, al fracaso, a ser rechazado socialmente, a equivocarse, al éxito, miedo de sufrir daños, a no conseguir pareja o miedo a la soledad, a perder la pareja que tenemos, a perder el trabajo, a los accidentes, a perder un ser querido, a la pobreza,  al ridículo, a miedos inexplicables.
Así que en realidad, dicen los budistas, la mayoría de los miedos tienen su raíz en una forma errónea de percibirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, es decir que tienen un origen mental, por lo que si aprendemos a controlar nuestros pensamientos, podemos terminar con ellos.
En cambio el miedo apropiado es una clase de miedo que nos advierte que es peligroso hacer algo (como saltar a la calle desde un tercer piso o beber en exceso). Cuando el miedo es apropiado, sirve para tomar consciencia del peligro real y para hacer las cosas que debemos hacer para evitarlo. Por ejemplo si tenemos miedo a no poder tener un hijo, podemos trabajar nuestra mente para evitarlo.

La mayoría de los miedos son infundados, y si piensa en cuales son aquellas cosas que le infundieron miedo en los últimos meses, descubrirá que el 85% de ellas nunca sucedió. La mayoría de los miedos son producto de pensamientos negativos, de esos que provienen de nuestros agregados psicológicos, de los apegos y aversiones. El miedo solo se puede controlar atacando su raíz, y su raíz se encuentra dentro de la mente de cada uno. 

martes, 2 de abril de 2013


Reflexiones cotidianas
La canción de Dios
Prócoro Hernández Oropeza
La India es un país con mucha historia, culturas y sobre todo cuna de muchos maestros realizados. Seres que han legado un conjunto de filosofías y conocimientos y muestran el camino para regresar a Dios o a Brahman. Brahman, el absoluto, el sin forma, el indescriptible e incognoscible. Es el mismo dios del que hablan las diferentes religiones y culturas, tanto en Europa, Asia, América como África.
De esa filosofía, los hindús tienen en el Bhagavad Gita enseñanzas maravillosas para encontrar la senda divina que nos ha de llevar de retorno a casa. A ese hogar del que un día salimos a experimentar, el maya o ilusión o simplemente a ejercer el libre albedrío y a vivir experiencias múltiples.
El Bhagavad Gita o la canción de Dios, llamado el quinto veda, es la esencia del conocimiento védico. En él se narra un diálogo maravilloso entre Krishna, la personalidad de Dios y Arjuna, un guerrero y amigo de Krishna que enfrenta el dilema de pelear o no pelear, en una guerra que está enfrente, entre los Kuravas y los Pandavas. Arjuna lidera a los Pandavas, luego de que uno de los hermanos o medio hermanos celosos les arrebataron el poder por medio de trampas.
En los dos bandos se encuentran amigos, maestros y parientes de Arjuna y se cuestiona porqué debe realizarse esa batalla, inclusive deja caer el arco y abatido se niega a pelear. Claro, como en todo libro sagrado, esta batalla es una réplica de esa batalla que debemos emprender en nuestra propia alma, la lucha en contra de los agregados psicológicos o defectos que gobiernan nuestra mente, emoción y voluntad. Krishna representa al Ser, al maestro que nos guía para iniciar ese batalla, que aunque parece cruel, es necesaria. Arjuna es el perfecto discípulo y como tal recibe las enseñanzas para librar esa y más batallas.
La lucha se desarrolla en Kurushestra, nuestra propia alma es el campo de batalla. Krishna anima a Arjuna a pelear, a sabiendas que el cuerpo es mortal, no así el alma o Atman que es inmortal  El alma, le dice Krishna es innaciente, eterna, permanente y primordial. No se le mata cuando se mata el cuerpo.  Una persona que sabe que el alma es indestructible ¿cómo puede matar o hacer que alguien mate?
Así como una persona se pone ropa nueva y deshecha, así mismo el alma acepta nuevos cuerpos materiales, desechando los viejos e inservibles.
Con estas palabras, Arjuna se apresta a dar la batalla, no sin antes recibir el conocimiento supremo. Rescato entre otras, las siguientes citas, que de llevarlas a la práctica nos liberaría de muchos pesares y sufrimientos.
-“Aquel que ejecuta su deber sin apego, entregándole los resultados a su Ser, no le afecta la acción pecaminosa, tal como la hoja de loto no la toca el agua”.
-“Cuando el ser viviente encarnado controla su naturaleza y renuncia mentalmente a todas las acciones, reside feliz en la ciudad de las nueve puertas (el cuerpo material), sin trabajar ni hacer que se trabaje”.
-“Aquel que no está apegado a los frutos de su trabajo y que trabaja tal como está obligado a hacerlo, se encuentra en el orden de renuncia y es el verdadero místico, y no aquel que no enciende ningún fuego, ni ejecuta ningún deber”.
-“Jamás puede alguien convertirse en yogui, a menos que renuncie al deseo de complacer los sentidos”.

Los tres traidores, el demonio de la mente

Prócoro Hernández Oropeza

III y última parte

procoroh@gmail.com

De los tres traidores, hemos abordado dos: el demonio del deseo (Judas), el demonio de la mente (Pilato) y ahora analizaremos el demonio de la mala voluntad (Caifás), tres demonios que crucificaron a Jesús, pero que también nos sacrifican en el día a día. La mala voluntad se manifiesta cuando caemos en el chisme y hablamos mal de las personas, mentimos o fabricamos mentiras para desacreditar a alguien, pero también se refiere cuando desperdiciamos el tiempo en cosas sin trascendencia, o prometemos y no cumplimos nuestra palabra, cuando no estamos siendo íntegros.

Recordando la historia, Caifás fue nombrado Sumo Sacerdote por el procurador romano de Judea Valerio Grato, sustituyendo a Simón ben Camithus. Caifás no creía en los milagros de Jesús, mucho menos en su doctrina. Pensaba que con su evangelio ponía en peligro al pueblo judío, que estaba su vez sometido a los romanos. Alarmado por las noticias sobre una supuesta resurrección de Lázaro realizada por Jesús, los Sumos Sacerdotes llamaron a reunión extraordinaria al Sanedrín (tribunal supremo de los judíos) para decidir lo que harían con Jesús. La reunión estuvo presidida por Caifás, en calidad de Sumo Sacerdote. En dicha reunión, el suegro de Caifás, Anás, influyó notablemente en la resolución del caso. De esta reunión salió la famosa frase de Caifás que plasma su pensamiento sobre Jesús: "...conviene que muera uno sólo por el pueblo y no perezca

Al anochecer, después de que Jesús fue arrestado, fue llevado a la casa de Anás donde fue detenido, interrogado y golpeado. Anás se lo entregó a Caifás. Como Caifás no tenía autoridad para ordenar pena de muerte a nadie, por tanto llevó a Jesús ante Pilatos. En síntesis, Caifás actuó con mala voluntad y su decisión influyó en la muerte de Jesús.

Por eso se dice que Caifás representa la mala voluntad porque con sus insidias y calumnias logró que Poncio Pilato prácticamente lo entregara a la muerte. Aunque quiso lavar sus manos dejando que el pueblo judío decidiera entre Jesús y Barrabás. Como se sabe el pueblo representa a los egos, en este caso y fueron ellos los que decidieran la suerte de Jesús. En este caso Caifás en contubernio con los otros traidores sacrifican al Espíritu, nuestro real Ser y lo crucifican.

Cuando actúa Caifás en nuestra psique, nos hace perder la dignidad y nos obliga a crucificar a ese real Ser. El Caifás se manifiesta cuando mentimos o faltamos a nuestra palabra, cuando no estamos siendo íntegros. Integridad proviene del griego Entheos, en dios, entero. Una cosa es lo que digo y pienso y otra lo que hago. Caifás, el Demonio de la Mala Voluntad, es el enemigo de la Verdad. Representa nuestras palabras, obras y omisiones, en el terreno de los hechos.
Promete y no cumple lo que promete, le da lo mismo hacer que no hacer, pudiendo hacer no hace. Malgasta el tiempo en cosas ociosas que no tienen la menor importancia. No nos quiere dejar practicar nada. Quiere auto-realizarse sin trabajar.

La mala voluntad también se manifiesta cuando somos impuntuales, nos ponemos metas y las incumplimos, cuando hacemos comentarios de lo que se ha dado en llamar popularmente “con mala leche” de otras personas, hacemos chistes sobre personas o situaciones, nos vamos de parranda, perdemos el tiempo viendo televisión o quedamos hechizados por los casinos, los bares, las cantinas. Hay mala voluntad cuando nos identificamos con las cosas del mundo y nos retiramos de la obra, cuando traicionamos a la Madre tomando otra pareja. Los tres demonios son el enemigo de nuestro Cristo interno y obstaculizan a cualquier precio su auto-realización. Busquemos a los Tres Traidores en cada uno de nuestros actos del diario vivir. Y recordemos que a todos los Yoes se les juzga por Traición.

Los tres traidores, el demonio de la mente

Prócoro Hernández Oropeza

Parte II

procoroh@gmail.com

De todos es conocido este refrán popular: “Se lavó las manos como Pilato”. Esto significa que alguien no asumió su responsabilidad ante un acontecimiento. Estamos frente al demonio de la mente que siempre encuentra salidas, evasivas y justificaciones para seguir siendo el mismo. En la columna anterior hablamos de que el deseo (Judas) forma parte de los tres traidores junto con el de la mente (Pilatos) y el de la mala voluntad (Caifás), traidores que a su vez los vivimos en nuestros propios procesos espirituales. Hoy hablaremos del demonio de la mente(Caifás).

Como bien sabemos los judíos ejercieron presión (la mala voluntad) sobre Pilatos para juzgar a Jesús. Antes, este hombre santo había sido apresado por un grupo de hombres armados pertenecientes a la guardia del Templo, por orden de Caifás y los sumos sacerdotes. La acusaban de sedición, por lo que solicitaron a Pilato que le ejecutara, ya que la pena capital sólo podía ser aplicada por los romanos. A pesar de no hallarlo culpable, Pilato sabiendo que era víspera de Pascuas dejó que el pueblo decidiera entre liberar a un preso de nombre Barrabás o liberar a Jesús.

Como el pueblo, dirigido por los sumos sacerdotes, escogió la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús, Pilato simbólicamente se lavó las manos para indicar que no quería ser parte de la decisión tomada por la muchedumbre. Pilato dijo «No soy responsable por la sangre de este hombre». A lo que la multitud responde: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes».

Poncio Pilato sencillamente evadió su responsabilidad queriendo quedar bien con dios y con el diablo. Por eso se dice que Pilato, el demonio de la mente es el enemigo de la Sabiduría. Representa todas nuestras disculpas, justificaciones, evasivas, escapatorias, etc., a través de las cuales continuaremos siendo los mismos.
¿Qué es lavarse las manos? Que cuando estamos ante un problema cualquiera nos justificamos, nos identificamos con el problema, no sabemos sacarle provecho a la situación. Siempre hallamos disculpas para no trabajar, para no eliminar los defectos. Este demonio siempre encuentra salidas, evasivas y justificaciones para seguir siendo el mismo. A la mente le toca el papel de juzgar a cada uno de nuestros defectos, de enjuiciarlos con la reflexión, pero no cumple con su trabajo, vive identificada con todos los procesos subjetivos, con los dramas del ego, con su amo.

Pilatos es el demonio de la mente que siempre anda disculpándose, justificándose, lavándose las manos, declarándose inocente. “Yo no lo hice”. “A mí no me culpen”, son los defectos del intelecto, de la mente del ego que ante el compromiso de cambiar su actitud, su carácter, evade o se justifica.

La única forma de escapar a este demonio es observar constantemente nuestros pensamientos, nuestra charla interior, nuestras cantaletas internas. Esa mente nos lleva de un lugar a otro, del pasado al futuro y anda como caballo desbocado. Si queremos morir tenemos que dejar de justificarnos, tenemos que juzgarnos despiadadamente, no debemos aceptar las escapatorias, debemos volvernos serios con el trabajo.
Debemos quitarle el pasto al burro, no debemos alimentar los defectos del intelecto, debemos acabar con todos los conceptos para ir integrando nuestra mente. Recordemos que la mejor manera de pensar es no pensar. Con todo el intelectualismo la mente se degeneró y ya no comprende.
Para llegar a la sabiduría el único camino es eliminar este demonio, la mente del ego para quien todo es evasivas, nos lavamos las manos como Pilato. La sabiduría llega con la muerte, sino se muere, pues, no habrá sabiduría. Este demonio impide la muerte psicológica, siempre echa la culpa a los demás, los vive juzgando, en lugar de juzgar nuestras propias acciones. Encuentra miles de justificaciones para no dejarnos hacer las cosas de nuestro Ser. Encuentra todas las justificaciones para que sigamos haciendo las cosas del Ego o la personalidad. A este demonio sólo le vence no justificándonos y juzgándonos despiadadamente y parando esa mente parlanchina en el silencio de nuestro corazón.

Los tres traidores, el deseo

Prócoro Hernández Oropeza

Primera parte

Antes del proceso de crucifixión Jesús vivió en vida los estragos de los tres traidores: demonio del deseo (Judas), demonio de la mente (Pilatos) y de la mala voluntad (Caifás). Esos son los tres traidores que crucificaron a Jesús. Son tres tipos específicos de elementos inhumanos fundamentales en el Drama Cósmico, pero que también habitan en el alma, en nuestra psique. Esto significa que como Jesús, nosotros también vivimos esos dramas ocasionados por dichos traidores: deseo, mente y mala voluntad.
Los tres traidores odian mortalmente al Cristo Secreto (a nuestro íntimo o real Ser) y lo conducen a la muerte dentro de nosotros mismos y en nuestro propio espacio psicológico.
Judas, el demonio del deseo, cambia siempre al Señor por treinta monedas de plata; es decir, por licores, dineros, fama, vanidades, fornicaciones, adulterios, etc.
Pilatos, el demonio de la mente, siempre se lava las manos, siempre se declara inocente, nunca tiene la culpa, constantemente se justifica ante sí mismo y ante los demás, busca evasivas, escapatorias, para eludir sus propias responsabilidades, etc.
Caifás, el demonio de la mala voluntad, traiciona incesantemente al Señor dentro de nosotros mismos: pienso lo que que no quiero pensar, digo lo que no quiero decir, hago lo que no quiero hacer.

Estos Tres Traidores hacen sufrir secretamente al adorable Señor Íntimo sin compasión alguna. Pilatos le hace poner la corona de espinas en sus sienes, los malvados yoes lo flagelan, le insultan, le maldicen en el espacio psicológico íntimo sin piedad de ninguna especie. Cada uno de nosotros lleva en su psique a los Tres Traidores. Estos Tres Traidores se manifiestan secretamente y nos hacen vivir ese drama de la crucifixión que vivió Jesús. Desafortunadamente no somos conscientes de ello.

En este día sólo vamos a hablar del demonio de la mente, representado por Judas. Como se sabe, ese gran apóstol, el muy amado del Señor fue el indicado para que se cometiera la traición anunciada por Jesús, antes de su muerte.

Según todos los evangelios canónicos, Judas guió a los guardias que arrestaron a Jesús hasta el lugar donde lo encontraron y les indicó quién era besándole (Marcos 14:43-46). Por su traición fue recompensado con treinta monedas de plata (Mateo 26:15), pero al poco tiempo se arrepintió de sus actos, intentó devolver las monedas a los sacerdotes que se las habían dado, y al no aceptarlas éstos, las arrojó en el templo. Luego, desesperado ante la magnitud de su delación, se suicidó ahorcándose (Mateo 27:5) en un árbol (abril de 29–33).

No obstante existen otras versiones de las escuelas gnósticas, según las cuales a Judas le tocó hacerla de traidor, a pedimento de su maestro. Jesús necesitaba la traición para deshacerse de su materia. Y el mandato recayó en Él, quien cumplió con lo que su maestro le encomendó, como ofrenda de devoción y humildad. Y tanto Jesús como Judas sabían del gravísimo y ominoso papel que jugaría este discípulo muy amado. No obstante, esa pasión y drama nos fue legada como un mapa para entender nuestros propios dramas, la psicología de nuestra redención.

Judas es el Demonio del Deseo, el Enemigo de la Naturaleza. Representa todos nuestros propios deseos, tentaciones, y fascinación en el mundo físico. El deseo es la fuente de la fuerza, pues es el fuego que anima cualquier cosa, si nos entregamos a nuestros deseos seremos sus esclavos; si nos negamos a ellos liberaremos ese fuego que está oculto en él. Entonces nos haremos dueños de la fuerza.
Judas vende al Cristo por treinta monedas de plata. Esto quiere decir que nuestros deseos venden en el mundo físico al Cristo (el Fuego). Si aprendemos a negarnos a nosotros mismos, o a nuestros deseos, comenzamos entonces a adueñarnos de la fuerza que está oculta en cada deseo.
Cuando no sabemos negarnos a nosotros mismos vamos detrás de cada uno de nuestros deseos en el diario vivir. El evangelio de Judas dice: “Dichoso aquel que ve en mi luz la luz de mi Maestro”. A este demonio, deseo, sólo se le vence negándose a sí mismo y haciendo la voluntad del Espíritu o Real Ser. Hágase tu voluntad padre, no la mía.

La conciencia de amor puro




Prócoro Hernández Oropeza
procoroh@gmail.com
Nuestro centro intelectual, donde se generan miles de pensamientos por segundo, es tan dominante y nos roba mucha energía, sobre todo cuando nos agobia un problema, un resentimiento o un programa mental. Este es uno de tantos cuentos anónimos que nos hacen reflexionar sobre este tipo de actitud mental. Se cuenta que dos monjes, que vivían como ermitaños en templos construidos entre las rocas de escarpadas montañas, un día bajaron a realizar compras a un poblado cercano. Ellos, como los de su comunidad, vivían alejados de cualquier bullicio mundanal, dedicados solamente a la meditación y oración y tenían prohibido, entre otras cosas, tocar a las mujeres para evitar caer en tentación.
Estos dos monjes, cuando retornaban de sus compras debían cruzar un acaudalado río. En la orilla se encontraba una dama que tenía miedo a atravesarlo. El monje de mayor edad se prestó a auxiliarle y la montó sobre sus espaladas. El acompañante monje, más joven, le replicó, recordándole que tenían prohibido tocar a una mujer. El monje mayor hizo caso omiso y le ayudó a cruzar el río. Después que la dejó el joven increpó nuevamente a su compañero diciéndole que había cometido un sacrilegio. El monje mayor sólo guardó silencio. Más adelante lo siguió cuestionando, a lo que el monje mayor replicó: “Yo dejé a esa mujer al otro lado del río y no me arrepiento de haberle ayudado. Mayor pecado habría sido dejarle a su suerte. Además yo la dejé allá, pero tú la sigues cargando en tu mente.
Cuánta verdad nos aporta este tipo de cuentos. Cuando la mente es pura, dulce, amorosa y gentil nada puede afectarle. Pero cu0esas nimiedades”.
Cuando el amor es puro significa que no está contaminado por esas expresiones intoxiC todo puede pasar, menos expresar amor. Cuántas veces, por esos programas intoxicados de la mente se realizan acciones funestas o desagradables o se dejan de hacer. Se sabe de algunas sectas religiosas que por su religión tienen prohibido llevar a sus enfermos con un doctor. Confían tanto en su Dios que dejan a su suerte al enfermo y muchas veces muere por falta de atención médica.
Al respecto me viene a mente otra historia de un discípulo que iba a visitar un lugar sagrado. Como a su paso quedaba el templo de un antiguo maestro decidió visitarle. Se bajó del camello y entró al templo presuroso. El maestro le saludó y le preguntó acerca de su desarrollo interior. El alumno le contestó que tanta fe tenía en Dios que hasta había dejado el camello sin atarle. El maestro le contestó: “Cómo serás tarado. Ve a atar el camello que Dios no se ocupa de esas nimiedades”.
Cuando el amor es puro significa que no está contaminado por esas expresiones intoxicadas de la mente del ego. Sólo se expresa la dulzura, la armonía, la belleza, la gentileza, la compasión, el sentido de unidad, el perdón. La conciencia del amor puro es la expresión del real Ser, es entusiasmo, estar endiosado, ser como Dios es. Entusiasmo viene de la palabra Entheos, del griego que significa en Dios, endiosado, estar en Dios. Es la conexión con tu Dios interno, con tu fuente divina y cuando estás conectado con ella sólo expresas esa luz, esa energía pura del amor.
La conciencia del amor puro sólo es fiel a su voz interior y se expresa en cada momento con sabiduría y claridad, en armonía y suavidad, transparente como el viento y delicado y bello como el pétalo de una flor.

Editorial

La paz interior.

Es reconocida y célebre aquella frase que pronunció Don Benito Juárez el 15 de julio de 1867: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Cuánta verdad hay en ella y si la atendiéramos como se debe no habría conflictos ni guerras o desavenencias. Si modificamos un poco esa frase: “El respeto a los procesos internos y externos del hombre es la paz” estaríamos reconociendo que cada Ser vino a vivir su vida con todo y sus dramas y su felicidad.

Cada individuo es diferente y vive en consecuencia procesos, tanto internos como externos escogidos por él o como producto de sus acciones, así sean de sufrimiento y dolor o de felicidad y amor. Cada uno es libre de elegir y crear su destino. Su destino no es creado por el azar, ni por sus padres, ni la sociedad, incluyendo a Dios.

Cada persona vive procesos internos que tienen que ver con su carácter, personalidad, felicidad, amor, éxito y salud. Es decir con sus pensamientos, emociones y su voluntad. Cada uno vive sus batallas internas, guerras que lo mantienen en la oscuridad y sufrimiento o en felicidad y amor. Esta batalla se refleja afuera y condiciona su vida externa, sus relaciones con las cosas, las personas y el mundo. De sus procesos internos dependerá la calidad de sus relaciones con todo lo que le rodea.

¿Y con quién se da esa batalla interna? El amigo de un Samurai le dijo que lo admiraba y lo felicitaba porque era un gran guerrero. Había ganado muchas batallas y recibido diversas condecoraciones por sus triunfos. Sin embargo, el Samurai le contestó que no estaba satisfecho, puesto que aún no había ganado la batalla interior. Esa batalla interna es contra la oscuridad, aquello que gobierna los pensamientos y emociones negativos, lo que nos obliga a realizar, pensar y sentir aquello que no queremos hacer, pensar ni sentir. Son esos agregados psicológicos que han tomado por asalto nuestra alma y controla amplios espacios. Ahí es donde Osiris da la batalla contra Seth y sus demonios rojos, según la mitología egipcia.

Todos los grandes maestros, antes de santificarse o iluminarse han descendido a esos mundos infernales para dar la batalla contra Seth y sus demonios rojos, luchando contra miles de egos que nos mantienen en el drama del sufrimiento. Ahí bajó Quetzalcóatl y luego se transformó en el águila emplumada.

Cuando logremos esa batalla interna entonces encontraremos el camino de las virtudes, el estado de paz interior. Son batallas largas y a veces duran varias vidas, pero si persistimos lo podremos lograr. Uno de nuestros primeros descubrimientos cuando emprendemos el camino de la superación es la guerra que mantenemos con nosotros mismos. Nos enfadamos por nuestros errores; estamos resentidos por nuestras debilidades; nos resistimos a hacer realidad nuestras aspiraciones más elevadas. Queremos progresar en todas las áreas de la vida, pero no nos gusta su precio.

Una vez que logramos la victoria nos sintonizamos con el poder espiritual de la compasión y del amor y estamos listos a vivirla plenitud de nuestras posibilidades Divinas.

La paz interior es el conocimiento de que todo está bien, la compresión de que el Ser Universal lo tiene todo bajo control, aun cuando nuestro mundo parezca a punto de explotar. Nos llega cuando nos apartamos mental, emocional y espiritualmente, y a veces físicamente, de los embrollos mundanos, de los conflictos o de nuestras responsabilidades mal comprendidas.

Para llegar a este estado debemos someternos a una disciplina de auto observación, meditación, oración y atención. Este es el camino de despertar, estar despiertos siempre, en consciencia plena de nuestras facultades y posibilidades, de nuestra grandeza interior. Somos más que polluelos, somos águilas reales.

EL PODER DE LA ORACIÓN

Prócoro Hernández Oropeza

Tal vez a ti te enseñaron a orar desde pequeño, tal vez no. Lo cierto es que, seas ateo, agnóstico, religioso o solamente espiritual, en algún momento habrás recurrido a la oración cuando enfrentas una situación grave. La oración, plegaria o mantra es el verbo que se utiliza para comunicarte con Dios o con un espíritu, sea para ofrecer pleitesía, hacer una petición o simplemente expresar tus pensamientos y emociones muy personales.

Y aunque no lo creas su poder es muy grande que puede realizar milagros. Deepack Chopra, un gran médico y filósofo espiritual hindú, sostiene que la plegaria es un viaje a la consciencia que conduce a un lugar diferente de aquel al que llevan los pensamientos ordinarios. Nos unimos a ella en un lugar en donde no cuentan las ataduras corporales. Es decir, la oración o plegaria, por su estructura e intención, nos desconectan del pensamiento ordinario o del ego y nos interrelaciona con la mente superior o nuestra verdadera identidad o espíritu.

La Oración es el Verbo Divino que manifiesta al Espíritu, es la energía poderosa que sale del Verbo Encarnado y expresa más allá del Lenguaje limitado de las palabras. Entonces lo limitado se vuelve Ilimitado porque aquello que se expresa con el Corazón va más allá del solo razonable intelecto, el Verbo de Oro se dirige a la Conciencia y la Conciencia se dirige al Corazón que Sabiamente expresa y manifiesta al Núcleo Divino... el Amor.

Chopra relata que en 1988 un equipo de investigadores de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, puso a prueba la eficacia de la plegaria. Seleccionaron a 150 pacientes de hospitales que sufrieron intervenciones cardíacas invasivas. Ninguno de los pacientes sabía que alguien rezaba por ellos. Se pidió a siete grupos religiosos de todo el mundo que rezaran por ellos. Los orantes eran budistas de Nepal, monjas carmelitas de Baltimore y Jerusalén Virtual, una organización que pide por correo electrónico que envíen plegarias para pegarlas en el Muro de las Lamentaciones. Los investigadores descubrieron que los pacientes se recuperaban 50 por ciento más cuando alguien rezaba por ellos, pese a que no los conozca quien reza por ellos.

El poder de la palabra es infinito y lo es más aún el realizar decretos con nuestras palabras; al hacer esto estamos entrando en un espacio de comunión con nuestro Ser espiritual. Un sólo decreto que nosotros digamos a diario o que mantengamos como parte de nuestro diario vivir podría llegar a darnos todo aquello que nosotros necesitamos tal vez para sentirnos mejor, obtener la salud, paz, tranquilidad; prosperidad y la llegada de bienes. Y es que los decretos son palabras poderosas que salen de tu interior. Con ellas estás “invocando” al Poder Superior y haciendo que estas tengan más fuerza y poder. Es por eso que al repetir cada decreto y hacerlo tuyo como parte de la vida, se te pueden conceder todos tus deseos y objetivos que has venido anhelando por mucho tiempo.

En kundalini yoga se trabajan las meditaciones con mantras, que no son más que pequeñas oraciones que se dirigen a Har, guru o al creador y con ellas se invoca sanación, expansión del Ser, iluminación, conexión, paz interior, sabiduría. Unas escritas en sánscrito, otras en gurumuk, pero pueden ser en hebreo, griego o latín, inclusive en español. El padre nuestro es uno de los mantras más poderosos con que cuentan los cristianos. Y los son porque estos mantras u oraciones fueron dados al guru o mesías o maestro en estado de éxtasis, o sea conectado con las divinidades. Hoy día muchos grupos realizan meditaciones, plegarias para cambiar toda la negatividad en el mundo y cada día crecen, conociendo ahora su poder de manifestación. Orar es Intensificar la Intención de Dirigirse al Eterno Origen Cíclico, finito e Infinito. Al orar se permite que La Esencia del Alma se mueva dentro del espacio Psíquico y ésta –el Alma- reconoce conscientemente su verdadero Origen Divino. Y vaya que este mundo requiere muchos decretos, oraciones para cambiar todo lo negativo, la oscuridad del alma humana.

El propósito de la vida


Prócoro Hernández Oropeza

Cada vez que me preguntan cómo estoy, siempre contesto: Más feliz. Es decir, me siento más feliz que ayer, porque la felicidad es un camino que se debe transitar todo el tiempo, hasta alcanzar la iluminación o en otros conceptos, vaciar nuestra alma de todos los agregados psicológicos que nos mantienen en la ilusión del sufrimiento.

Para el Dalai Lama “El propósito fundamental de nuestra vida es bus­car la felicidad. Tanto si se tienen creencias religiosas como si no, si se cree en tal o cual religión, todos buscamos algo mejor en la vida. Así pues, creo que el movimiento primordial de nuestra vida nos encamina en pos de la felicidad”. Muchos piensan que la felicidad es inalcanzable o al alcance de unos cuantos. O bien que ésta dura muy poco y cuando llega hay que disfrutarla al máximo. Sin embargo se confunde felicidad con placer. Sentimos que somos felices cuando adquirimos la casa o la pareja de nuestros sueños, ganamos un partido o sacamos la lotería. Eso es placer, momentos de placer provocados por factores externos.

La felicidad es vibrar en la frecuencia del amor. Cuando llegamos a vibrar en esa frecuencia esta puede ser permanente o mucho más duradera que un momento de placer. La felicidad es un estado del Ser, el gozo que sentimos cuando nos desconectamos de la mente egotizada, de esa mente atrofiada por los egos, del ilusionista. A esto, el Dalai Lama le llama entrenamiento de la mente. Desde mi perspectiva, esto significa eliminar todo agregado psicológico, Yoes o la multiplicidad de egos que controlan nuestra mente, sentimientos y acciones. De toda esa basura mental que nos mantiene en la ilusión del sufrimiento y nos aleja de la verdadera felicidad, de nuestra esencia.

Una persona que vibra en la frecuencia del amor no se preocupa por nada, excepto vivir la vida a plenitud momento a momento, no importa cómo se comporta el mundo, las circunstancias o la gente. Sabe que la vida es eterna y ha venido a este lugar a recordar esa luz o esencia amorosa de donde vino. Fuimos y somos producto del amor y a él nos debemos, sólo que en nuestros múltiples nacimientos se han infiltrado esos agregados psicológicos en la psique y se han apropiado de nuestra voluntad, pensamientos y actos.

La felicidad es un estado de energía alta; su vibración, que proviene del amor, afecta nuestros pensamientos y emociones y los pone a su servicio. Obvio que para llegar a este estado se requiere disciplina. Disciplinar nuestra mente a través de la auto-observación. Sostiene el Dalai Lama que cuando se posee la disciplina interna que produce la serenidad mental no importan las posesiones o condiciones externas, ya que estas nunca proporcionarán a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Por otro lado, si se posee esta cualidad interna: la serenidad mental y estabilidad interior, es posible tener una vida gozosa, aunque falten las posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesarias para alcanzar la felicidad.

Si vives contento, la consecución de bienes pierde importancia, la felicidad consiste en querer y apreciar lo que tenemos. Felicidad significa estar conectado con todo lo que te rodea, pero vibrando en la frecuencia del amor, sin juicios ni etiquetas, sólo fluyendo en el ritmo de la vida, como el agua de los ríos.

TECNOLOGIAS DEL ALMA

EL PADRE NUESTRO

Relación entre el Padre Nuestro y las glándulas endócrinas

Las glándulas endócrinas son, dice Edgar Cayce, el punto de contacto entre los tres cuerpos, el lugar donde se encarnan el espíritu y el alma, y por el cual estos últimos actúan en el cuerpo físico. Por lo tanto si uno quiere curarse, toda curación ha de pasar por el sistema glandular.

El sistema glandular es la fuente de todas las actividades humanas, de todas las disposiciones, de todos los temperamentos, y de la diversidad de las naturalezas y las razas. Se conocen aún muy pocas cosas sobre las actividades de estas glándulas.

Puesto que estamos aún por descubrirlas, o más bien por redescubrirlas. … el miedo, la cólera, la alegría, cualquiera de estas energías emocionales, aduce Cayce, está relacionada con una actividad en las glándulas endocrinas, y producen secreciones (hormonales) que van a expandirse dentro del conjunto del organismo, ¿Y cuáles son las funciones de estas glándulas endocrinas? El ojo, la nariz, el mismo cerebro, la tráquea, los bronquios, los pulmones, el corazón, el hígado, el bazo, el páncreas, no pueden tener su propio papel más que gracias al sistema que les permite renovarse, es decir, el conjunto de funciones glandulares. De ahí el hecho de que este sistema endocrino esté influido por las actividades del alma.

Y es aquí donde está el don del Creador del Hombre. Las glándulas endocrinas están relacionadas con la renovación de las células, con la degeneración o con el rejuvenecimiento. Y esto se hace no solamente a través de las energías físicas, sino a través de las energías del cuerpo mental y del cuerpo espiritual, puesto que las energías glandulares son, podría decirse, las fuentes a partir de las cuales el alma puede habitar el interior de un cuerpo.

Es pues, a través de estas mini centrales de energía como nuestro cuerpo mental y nuestro cuerpo espiritual pueden actuar sobre nuestro cuerpo físico. Es a partir de estas glándulas que se crea la enfermedad o la curación. Son estas glándulas las que orquestan todas las actividades del cuerpo físico, su forma, sus manifestaciones, sus percepciones, etc. Cuando Cayce habla de ‘centros glandulares mayores’, designa con esto las principales glándulas endocrinas (es decir, aquellas que secretan hormonas): la pineal, la pituitaria, el timo, la tiroides, las suprarrenales, las células de Leyden (poco conocidas pero importantes), las gónadas masculinas y femeninas. Hay otras glándulas en el organismo, pero corresponden a lo que la tradición hindú llama ‘los chakras’, que son, las claves de la personalidad humana.

Cada una de estas glándulas corresponde no solamente a una función precisa, sino a una vibración coloreada y tonal, a un elemento de la Tierra, a un signo astrológico y a la influencia de un planeta

La pituitaria es, dice Cayce, la glándula más alta del cuerpo, está relacionada con la luz y se desarrolla en el silencio. La glándula Pineal es el punto de arranque de la construcción del embrión en el seno de la madre. La Tiroides entra en acción cuando se debe tomar una decisión y actuar. El Timo corresponde al corazón. Las Suprarrenales son nuestro centro emocional y actúan sobre el Plexo Solar. Las células de Leydin son el centro del equilibrio masculino-femenino y en fin, las gónadas son el motor del cuerpo físico.

Además apuntaba que los planetas situados en nuestro tema astrológico tienen una relación y una influencia en las glándulas: la pituitaria está relacionada con Júpiter, la tiroides con Urano, el timo con Venus, el plexo solar con Marte, las células de Leydyn con Neptuno, las gónadas con Saturno. Aunque estas relaciones entre planetas y glándulas varían en cada persona siguiendo sus experiencias de vida. Se trata de energías variables en la naturaleza del hombre del hombre en sí mismo, puesto que está ligado a todas las energías que existen y reacciona ante ello. Pero, acuérdese que no son los planetas los que gobiernan al hombre, sino más bien que es el hombre, en tanto que Hombre de Dios, el que ha gobernado los planetas, puesto que él es una parte de este universo planetario.

Edgar Cayce estimaba que la enfermedad llega al cuerpo a través de los venenos segregados en los centros glandulares por las actitudes negativas. Inversamente se podría provocar la curación trabajando en un sentido positivo sobre estos centros glandulares. Se debe actuar sobre ellos, reanimarlos, reparar sus energías en movimiento, despertarlos. Cayce aconsejaba para ello una herramienta de base: la meditación… El explicaba que cada verso del Padrenuestro corresponde a uno de estos centros glandulares y que la recitación meditativa de esta plegaria puede tener un efecto dinamizante sobre las glándulas endocrinas enfermas. El ‘padrenuestro’ es en principio mucho más antiguo que el judaismo puesto que se le encuentra ya en las plegarias de Akenaton en Tell el-Amarna

Cayce señaló que la oración del Padre Nuestro provoca la apertura de centros glandulares. Aunque no es la única vía posible, pero es una de tantas que responderá al deseo de los que buscan un camino para poder comprender como actúa la Fuerza Creadora de Dios (sobre el cuerpo).

Para utilizar prácticamente el Padre Nuestro, Cayce recomendó tratar de sentir la oleada de las significaciones de cada versículo correr a través de vuestro cuerpo físico, puesto que se produce en él una respuesta a las representaciones del cuerpo mental, y hay una reacción física que se construye (misma lectura).

Esto nos lleva a otra posibilidad de curación, la curación a través de la oración y la plegaria, de la que diversas formas se están desarrollando actualmente.

CORRESPONDENCIA ENTRE LOS VERSOS DEL PADRENUESTRO Y LAS PRINCIPALES GLANDULAS ENDÓCRINAS, DADAS POR EDGAR CAYCE

1.- PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO – abre la pituitaria (glándula maestra del cuerpo)

2.- SANTIFICADO SEA TU NOMBRE – abre la glándula pineal

3.- VENGA A NOSOTROS TU REINO – abre la tiroides

4.- HÁGASE TU VOLUNTAD ASÍ EN LA TIERRA – abre el timo

5.- COMO EN EL CIELO – abre la tiroides

6.- EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLO HOY – abre las gónadas (glándulas sexuales masculinas y femeninas)

7.- Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS (OFENSAS), ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES (A QUIENES NOS HAN OFENDIDO) – abre las suprrarenales, también llamadas adrenales

8.- Y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN – abre las células de Leyden (o glándulas de Leydig, que no son verdaderamente una glándula sino un conjunto de células secretoras de hormonas, localizadas bajo el ombligo y por encima de las gónadas)

9.- MÁS LÍBRANOS DEL MAL. – abre el Timo

10.- PUESTO QUE TUYO ES EL REINO – abre la Tiroides

11.- EL PODER – abre la glándula Pineal

12.- Y LA GLORIA – abre la pituitaria

Por los siglos de los siglos.

Amén

¿Quién fue Edgar Cayce? Se destacó por su talento psíquico, uno de los más vastos y fiables de todos los tiempos. Durante cuarenta y tres años, efectuó “lecturas” en un estado de sueño autohipnótico, con la finalidad de ayudar a la gente.



PITÁGORAS: VERSOS AUREOS


Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica


Honra, en primer lugar, y venera a los dioses inmortales, a cada uno de acuerdo a su rango.

Respeta el juramento, y reverencia a los héroes ilustres, y también a los genios subterráneos. Cumplirás así lo que las leyes mandan.

Honra luego a tus padres y a tus parientes de sangre, y de los demás, hazte amigo de los que descuella en virtud.

Cede a las palabras gentiles y no te opongas a los actos provechosos.

No guardes rencor al amigo por una falta leve.

Estas cosas hazlas en la medida de tus fuerzas, pues lo posible se encuentra junto a lo necesario.

Compenétrate en cumplir estos preceptos, pero atente a dominar ante todo las necesidades de tu estómago y de tu sueño, después los arranques de tus apetitos y de tu ira.

No cometas nunca una acción vergonzosa, ni con nadie, ni a solas.

Por encima de todo, respétate a ti mismo.

Ejércete en practicar la justicia, en palabras y en obras.

Aprende a no comportarte sin razón jamás, y sabiendo que morir es la ley fatal para todos, que las riquezas, unas veces te plazca ganarlas y otras te plazca perderlas.

De los sufrimientos que caben a los mortales por divino designio, la parte que a ti corresponde, sopórtala sin indignación; pero es legítimo que le busques remedio en la medida de tus fuerzas; porque no son tantas las desgracias que caen sobre los hombres buenos.

Muchas son las voces, unas indignas, otras nobles, que vienen a herir el oído: que no te turben ni tampoco te vuelvas para no oírlas.

Cuando oigas una mentira, sopórtalo con calma, pero lo que ahora voy a decirte es preciso que lo cumplas siempre. Que nadie, por sus dichos o por sus actos, te conmueva para que hagas o digas nada que no sea lo mejor para ti y para los demás.

Reflexiona antes de obrar para no cometer tonterías. Obrar y hablar sin discernimiento es de pobres gentes, tú en cambio siempre harás lo que no pueda dañarte.

No entres en asuntos que ignoras, mas aprende lo que es necesario. Tal es la norma de una vida agradable. Tampoco descuides tu salud, ten moderación en el comer o el beber y en la ejercitación del cuerpo. Por moderación entiendo lo que no te haga daño.

Acostúmbrate a una vida sana sin molicie, y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.

No seas disipado en tus gastos como hacen los que ignoran lo que es honradez, pero no por ello dejes de ser generoso. Nada hay mejor que la mesura en todas las cosas.